“Niños con Agenda”

01.09.2016 00:01

Desde hace años, niños y adolescentes viven un fenómeno muy frecuente, que los especialistas del sector salud llaman “niño con agenda” o “sobreocupación infantil”, y lleva a los más pequeños a sostener rutinas tan exigidas como la de sus padres. Además de su desempeño escolar (en algunos casos con doble jornada), toman clases de idioma, practican algún deporte (con alto nivel de rendimiento y competencia), o disciplinas artísticas y, como si fuera poco, algunos agregan horas de apoyo escolar o acompañamiento terapéutico. Así, se levantan a la mañana muy temprano y llevan a cabo actividades pautadas hasta la noche, cumpliendo con una rutina en la que han desaparecido los espacios de juego, ocio y esparcimiento. Este cúmulo de información y actividades disminuye su capacidad de sentir y conectarse con sus talentos.

Existen muchas causas que determinan esta tendencia. Muchas parejas requieren más de un trabajo para sostener la economía familiar y esto lleva a los papás a permanecer mucho tiempo fuera del hogar, muchas veces determinados por el deseo de alcanzar un nivel de vida superior. Todo es válido, pero no hay que olvidar los derechos de los niños y la importancia que tiene la vida en familia para su crecimiento, educación e incorporación de habilidades básicas tempranas.

Incluso la jornada escolar con doble turno, constituye una oferta pedagógica más en respuesta a la necesidad de los padres que de los niños, ya que “a partir de las cuatro horas, ningún pequeño tiene capacidad de atención para disfrutar de una jornada extendida con actividades como inglés o teatro”.

También, es común, que los padres apuesten al mayor nivel de formación posible para sus hijos, pero “todas estas variables repercuten severamente sobre la salud e integridad de los más pequeños”.

 

La sobre exigencia también pasa facturas

Es común desear y esperar de los hijos altos rendimientos académicos, artísticos y deportivos; muchas veces proyectando deseos propios insatisfechos o frustrados. Es, hasta cierto punto, natural. Pero se debe tener cuidado con sobreexigirlos para lograrlo, saturándolos.

Muchos padres comienzan a sobreestimularlos desde muy niños. Quieren que sus hijos sean los más precoces en hablar, leer, aprender otros idiomas y los mejores alumnos y deportistas.

¿Será bueno para el niño?

Niños y adolescentes desde que nacen están inmersos en un mundo tecnológico que los lleva a un nuevo modo de comunicación con sus pares, al aislamiento y sustitución de la realidad por otra de tipo virtual, que no juegan y están perdiendo la capacidad de disfrutar de la imaginación y creatividad y son educados en la búsqueda del éxito y la recompensa a cualquier costo. En ese camino se hacen individualistas y les cuesta reconocer al otro.

Esto puede dar lugar a comportamientos antisociales como bullying, y búsqueda de sensaciones de riesgo y a la aparición de las enfermedades  por estrés de manera temprana.